Nunca he sido de esos aficionados que se encariñan con los jugadores que visten la camiseta de su equipo. Lo reconozco, jamás he sentido esa necesidad de forjar una relación personal, ni siquiera el deseo de pedirles autógrafos o echarme fotos (ahora selfies) con ellos, ni mucho menos de mendigarles camisetas o similares, como hace más de uno. En absoluto. Para mí, en el aspecto puramente material, todo acaba al salir del Cartagonova y, en lo que se refiere a lo afectivo, concluye cuando dejan de defender la albinegra. No obstante, para la estadística, sí que suelo seguir la trayectoria de quien ha pasado por Cartagena. Pero hasta ahí.
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| Hevia tras su último gol |
Evidentemente, como en toda regla, entiendo que puedan existir una serie de excepciones. Pocas, eso sí, y particulares para cada aficionado. En mi caso las puedo contar con los dedos de la mano, son Sagarduy y Alberto García los ídolos futbolísticos que siento como tales. Después, también profeso cariño a Sívori o Carmona y con ellos cierro mi lista personal. Jugadores que han tenido un considerable ciclo en Cartagena y que han gozado de un peso específico dentro del equipo. Jugadores que, en resumen, atesoran una significación especial. Del resto, muchísimos alcanzan de igual manera mi más profundo respeto, y admiración en casos como el de Víctor, pero no con el feeling de los cuatro citados. Habiendo declarado esto, ¿qué puedo sentir por todos esos jugadores que hacen una más




